Próxima estación: ¿Tapering?

Cuando se habla de tapering en finanzas, se hace referencia a la disminución gradual de las medidas extraordinarias de política monetaria expansiva tomadas por los bancos centrales tras una crisis económica.

En el vocabulario financiero, “taper” en inglés significa disminuir y el uso de esta palabra en finanzas es fiel a su original significado.

Fue inicialmente utilizada para hablar de las retiradas de estímulos monetarios de la FED en 2013, aunque posteriormente se fue utilizando también para hacer referencia a la disminución de políticas monetarias expansivas por cualquier banco central.

El origen de la palabra tapering radica en la reducción de las medidas extraordinarias que tomaron en Estados Unidos contra la crisis de 2008. Por ejemplo, la reducción gradual de compra de bonos por parte del FED (una compra 80.000 millones de dólares mensuales -el famoso quantitative easing).

Dicha compra de bonos también fue una medida aplicada en otros bancos centrales desde el inicio de la crisis de 2008, como el Banco Central Europeo, el banco de Japón o el banco de Inglaterra.

También se aplicaron fuertes estímulos monetarios tras la crisis del covid en el año 2020 por parte de la gran mayoría de bancos centrales del mundo.

Dada la enorme magnitud de los estímulos financieros, el proceso de reducción es muy importante. Si los bancos centrales aplican estímulos agresivos y expansivos, deben actuar más tarde en consecuencia. Es decir, hacer una retirada gradual para evitar el efecto rebote.

¿Por qué se aplica el tapering?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que el tapering no se aplica en una situación de normalidad económica. Sino que trata de revertir una situación extraordinaria para paulatinamente ir llevando la economía a la normalidad.

Cuando un banco central aplica medidas de estímulo monetario (políticas monetarias expansivas), para salir de una crisis económica (como por ejemplo la gran recesión de 2008, o la crisis del covid) esto puede provocar distorsiones económicas.

Una de las principales distorsiones económicas y que más miedo da a los economistas, es que aumente la inflación de forma considerable y prolongada en el tiempo. Recordemos que las políticas monetarias expansivas han aumentado la masa monetaria de un país o región, por lo que al haber más dinero en circulación es posible que caiga el valor del dinero y por tanto los precios de los bienes y servicios suban.

Para evitar que los precios se descontrolen (entre otras distorsiones económicas), el banco central debe retirar las medidas de estímulo monetario, es decir, debe comenzar el tapering.

La medidas de política monetaria se van quitando gradualmente a medida que los principales datos de la economía muestran mejoras (aumentos de PIB, inflación contenida en torno al 2%, reducciones de paro desempleo).

Se debe realizar de una manera lenta para evitar grandes distorsiones en los mercados financieros. Si el tapering se hiciera demasiado rápido podría ser perjudicial para la economía, ya que eran medidas aplicadas para salir de una crisis económica. Al reducirse la masa monetaria (o realmente aumentarse menos) puede disminuir la liquidez de la economía, reduciendo el crédito que otorgan los bancos e inversores, pudiendo esto a su vez provocar bajadas en los precios de los activos (como las bolsas y los inmuebles). Lo que puede llegar a provocar otra crisis económica.

Sin embargo, si son los estímulos monetarios los que empiezan a causar distorsiones económicas (por ejemplo una inflación elevada y prolongada), el banco central se verá forzado a aplicar el tapering de forma más agresiva, ya que los estímulos monetarios puede estar provocando burbujas económicas, que causen una crisis mayor.

¿Cómo afecta el tapering a los mercados financieros?

el tapering consiste en retirar los estímulos monetarios, por lo que es básicamente una reducción de la oferta monetaria, o más bien un menor aumento de la oferta monetaria con respecto al ritmo de aumento que estaba estimulándola anteriormente.

A los mercados, hablando coloquialmente, les interesa que haya más dinero en circulación para que aumenten los precios. Por lo que las medidas de estímulo son bienvenidas, siempre y cuando no lleguen a provocar una burbuja económica, que cause una crisis económica (como pasó con la crisis de 2008 tras los estímulos monetarios de principios de los años 2000 y la burbuja inmobiliaria que crearon).

Por el contrario, el tapering, que supone una reducción de los estímulos, puede tener malas consecuencias para los mercados financieros.

El porqué de la escasez de materias primas y su repercusión en el sector industrial

La alta demanda de equipos y materiales de instalación, fruto de la vuelta a la normalidad tras la pandemia, ha dejado un panorama incierto para los fabricantes y proveedores del sector, pues la oferta empieza a reducirse, aumentan los precios, y todo a consecuencia de la escasez de materias primas. Una escasez de materias primas, de semiconductores, de componentes electrónicos, etc., que afecta a toda la cadena de valor, desde fabricantes hasta la distribución, los instaladores, así como los promotores, empresas de mantenimiento y reforma, etc.

La falta de componentes electrónicos, de cobre, acero, plásticos, etc. ya ha provocado el paro parcial de producción de varios fabricantes de automóviles, y comienza a tensionar a otras industrias auxiliares o fabricantes de maquinaria original -OEM-, al no disponer de todos los elementos necesarios para fabricar.

Y las previsiones son poco positivas, trasladando la tensión de toda la cadena de suministro hasta el año 2022. Un problema a escala global que ya es una de las grandes preocupaciones del sector. Según datos de la Asociación Española de Fabricantes de Cables, Conductos Eléctricos y Fibra Óptica, FACEL, el precio del PVC ya ha aumentado un 20%, el cobre un 18,5% y el aluminio un 15,4%, en el primer trimestre de 2021.

El origen de todo el problema está en EEUU y sus políticas incentivadoras de la economía, y China, donde el gigante asiático ya prevé un crecimiento del 7,5% de su economía, siendo además el mayor consumidor de materias primas, chips y semiconductores del mundo. El gran acopio que han hecho de estos componentes ha generado la escasez al resto de países, y precios al alza desde mediados de 2020. Afortunadamente, el gobierno chino ha decidido recientemente liberar sus reservas estratégicas de cobre, aluminio y zinc para desinflar los precios a nivel mundial. Aunque también es problemático el colapso de los puertos marítimos en Asia, donde se acumulan retrasos en envíos de contenedores, y la demanda creciente ha multiplicado por tres el coste respecto a 2020.

También tiene su influencia la irrupción de las tecnologías verdes, como por ejemplo, el vehículo eléctrico y su infraestructura. Las previsiones de demanda de esta movilidad verde aumentarán de 2 a 8 millones en 2025. El impulso hacia esta movilidad eléctrica y la producción creciente de estos vehículos, también tensiona la disponibilidad de chips y de metales como el cobre, la plata, el platino, que son materias primas vitales para estos vehículos sostenibles.

La demanda de semiconductores y chips no parará de crecer

A todo esto se une el teletrabajo, y la digitalización de todo lo que nos rodea. Esta nueva tendencia fruto de la pandemia ha catapultado la demanda de electrónica de consumo, de ordenadores y todo tipo de dispositivos que facilitan el trabajo desde el hogar.

Lo que empezó como un desajuste momentáneo entre oferta y demanda se ha convertido en una tormenta perfecta, donde la demanda es imparable, creciente, la previsión fue errónea, en contraposición de una industria fabricante de chips y semiconductores muy concentrada (el 83% de la producción mundial se concentra en Taiwán y Corea del Sur), al igual que la de los metales. Hay quienes aseguran que los chips se han vuelto tan escasos y codiciados como el oro, al no ser capaces de seguir el ritmo de la demanda.

La demanda de chips no dejará de crecer en el presente y a futuro. ¿La razón? Cada vez son más los productos que incorporan un chip. Y con la llegada del 5G y la conectividad que impone la digitalización, será una tendencia estructural. Termostatos, bombillas, automóviles, bicicletas, frigoríficos, etc… todo lo que nos rodea está/estará respaldado por un circuito integrado.